Quizás
algún día llegue a tener setecientos amigos en Facebook. De momento, tengo un
palomo en mi ventana. Sí, un palomo que vino a refugiarse en el poyete y que
parece que se ha quedado. Se ha quedado con la repisa y hasta con la vista del
patio.
El
palomo es gris, como todos los palomos, pero bajo la lluvia tiene un aspecto
abandonado que me causa tristeza. O pena. O ganas de que se quede y que sea mi
palomo. Ganas de acogerlo, de adoptarlo pero, ¿cómo se adopta un palomo?
No
le doy de comer, de momento. Pero igual me regala sus cagaditas en el alféizar
para que los demás sepan que ese lugar es suyo. O eso me imagino yo.
Me
gusta tenerlo, me gusta mirarlo, me gusta ver cómo sus plumas salpican de
lluvia mis cristales recién limpiados.
¿Es
el palomo mi amigo? No sé, lo único que sé cierto es que cada mañana viene y se
posa y se sacude las gotas de agua, y me quita la vista y me regala a cambio una
mirada sobre mi cama.
Texto: Esperanza Castro
Texto: Esperanza Castro