Desabrigada
como estoy sudo, siento calor, un calor interno que me sube desde el pecho
hasta las orejas.
No
sé qué hago aquí. No sé qué hago ni aquí, ni en este mundo, ni en esta ciudad
tan repleta de ruido.
Suena
un piano. La melodía es asfixiante, tan asfixiante como el calor que siento, el
que hace ahí fuera, calor de noviembre tan extraño.
Miro
a mi alrededor. Las paredes están empapeladas, llenas de letras, con párrafos
que quieren ser versos y que a mí no me parecen.
Y
esa melodía, ese martillear del piano… qué agobio. Me pregunto qué hago aquí,
qué pretendo.
Siento
vértigo antes de entrar, un desdichado vértigo, pánico, miedo. Miedo a ser
vieja, miedo al error, miedo al camino, miedo al paso, miedo al vacío.